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Comer mejor, perder peso y ganar salud

Comer mejor, perder peso y ganar salud. Una relación que así planteada parece muy sencilla, portadora de una lógica casi matemática que de hecho casi es tal cual. En el día de hoy continúo compartiendo relfexiones acerca de  los ricos conceptos y datos que comenzamos a analizar en el post anterior, que titulábamos “Buena salud, buena alimentación” y te invito a releer antes de seguir adelante.

En él ya perfilaba un concepto contundente que retomamos para el presente post: cuando los malos hábitos alimenticios se vuelven crónicos, podrían llegar a  modificar permanentemente el material genético.

Este material genético es heredado por entonces la descendencia de la persona y las mutaciones o alteraciones genéticas también se manifiestan en su cuerpo.

A ello, se suma otro punto preocupante: existen estudios que han demostrado el  aumento de  signos de estrés y depresión en las personas que tienen malos hábitos alimentarios o trastornos de la alimentación.

Una buena comida debe constar de diferentes grupos de alimentos. El problema no sólo es comer un montón de basura o alimentos poco saludables, sino no mantener un equilibrio entre los diferentes grupos de alimentos que se consideren en el grupo de los malos hábitos alimenticios.

Hay, por ejemplo, muchos problemas de salud relacionados con el consumo excesivo de azúcar. Algunas de las dolencias de salud más comunes asociados con la alimentación saludable, son las enfermedades de las encías, el corazón y los músculos. Además, puede haber problemas la pérdida de visión, deterioro de la coordinación ojo mano, los problemas de enfoque y concentración, disminución de la agudeza mental, pérdida de memoria a corto plazo y, por último, la anorexia.

Contundente… ¿verdad?