Consejos Terapéuticos

Cómo saber si el pescado y el marisco están frescos

Fresh and healthy fish seafood

En navidad se incrementa considerablemente el consumo de pescado y marisco, pero debemos procurar que estén siempre bien conservados y frescos para evitar problemas de salud e intoxicaciones.

El pescado y el marisco nos aportan muchas vitaminas y minerales y además en navidad nos sirven para preparar diferentes y deliciosas recetas. Lo más importante es que deben estar muy frescos, conservados en hielo, congelados, crudos o hervidos.

En el pescado primero observaremos los ojos, que han de ser brillantes, transparentes y un poco saltones. Si vemos que los ojos están hundidos, vidriosos o de color gris es mala señal. El olor es determinante, ya que cuando el pescado es fresco huele a mar, pero si es excesivo o huele a amoniaco puede que se esté descomponiendo.

También es fundamental que la carne está bien adherida a las espinas y que tenga un aspecto firme y tirante, mientras que si la textura es blanda es que no está fresco. Las escamas además deben estar bien pegadas al cuerpo y unidas entre sí, mientras que si están viscosas no debemos comprar el pescado. La piel ha de ser lisa y brillante y sin arrugas ni manchas. 

Asimismo las agallas han de tener un aspecto limpio,  brillante y de color rojo vivo o rosado, evitando las que sean pálidas, amarillentas o lechosas. Tampoco es bueno que haya sangre bajo la espina dorsal de color pardo a chocolate

Debemos comprar la cantidad justa de pescado que vayamos a comer, ya que es un producto que enseguida se estropea. Es mejor comprarlo a primera hora porque suele estar más fresco y meterlo lo antes posible en la nevera separándolo de los otros alimentos.

En cuanto al marisco, en el caso de las gambas y los langostinos frescos, la cabeza debe tener un aspecto translúcido y el resto del cuerpo no debe tener manchas oscuras. Además la carne debe estar firme y el caparazón tiene que tener una apariencia resistente y brillante. Las sepias, calamares y pulpos frescos deben tener una carne firme y un color entre blanco nacarado y blanco rosado, tirando a brillante.

Los mejillones y las almejas frescas deben tener la concha cerrada, con el líquido que hay entre ellas abundante y de color claro.