Lacteos

Historia del Yogur búlgaro

Tarator - traditional bulgarian cold summer soup

Podría decirse que existe una relación larga y afectuosa entre Bulgaria y su  yogur más famoso; ésta se remonta al pueblo de  los Tracios, habitantes ancestrales de las tierras búlgaras. Éste pueblo de ganaderos, solía guardar la  leche de oveja en bolsas de piel de cordero alrededor de sus cinturas y de cierta forma se producía un yogur fermentado utilizando su propio calor corporal.

Comencemos por su nombre

La palabra yogur se deriva de las palabras para ‘grueso’ y ‘leche’ en la antigua Tracia. Pero ser reconocidos como “inventores” de este yogur tan particular  no es la única fuente de orgullo de Bulgaria, sino que también se le atribuye la expansión del yogur saludable en Europa, gracias a su conocimiento sobre una bacteria única nativa del país.

A principios de 1900, un científico búlgaro llamado Dr. Stamen Grigorov, encuentra al agente que causa la fermentación de yogur búlgaro y  también descubrió que se trata de dos bacterias no son parte de la microflora que existe en el tracto intestinal humano, sin embargo, resultan ser muy beneficiosas cuando se introducen en el mismo.

Otro científico, el ruso Ilya Mechnikov, premio Nobel de Fisiología y Medicina, llegó a descubrir que más personas vivieron hasta 100 años en Bulgaria respecto a los otros 36 países que estudió y vinculó este hecho precisamente al consumo de este yogur.

Desde entonces, son incontables los estudios científicos que aseveran una y otra vez que yogur búlgaro se ha acreditado bien su fama de poseer un número de efectos saludables en el cuerpo humano, incluyendo la reducción del colesterol, la reducción de bacterias poco saludables en el tracto gastro-intestinal, el aumento de los niveles de calcio y producir compuestos supresores del cáncer. No en vano hay quienes le consideran el mejor de los amuletos en el propósito de no envejecer, o por lo menos hacerlo con la mejor buena salud.