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La remolacha

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Remolacha, este es sólo uno de los nombres que se da a la planta conocida científicamente como Beta vulgaris, pero que también es llamada vulgarmente como acelga blanca, betarava, betarraga y betabel entre otras. Pero más allá de sus denominaciones se trata de un nutriente que ha ido ganando espacio en la dieta de la población de la mayor parte del planeta en los últimos tiempos, y a continuación veremos por qué.

El cultivo de la remolacha es uno de los más simples, en cuanto a que no se necesita un suelo muy preparado para obtener una buena cosecha, ya que esta planta puede adaptarse a las tierras utilizadas anteriormente para el cultivo de otros elementos. Sin embargo, no puede exponérsele al frío, heladas e incluso el paso de animales, ya que el estiércol destruye su crecimiento.

Su consumo más directo es en diferentes comidas a través de la cocción de forma normal, aunque también se han descubierto otras formas de consumirla, como por ejemplo a través de extraer el azúcar que se encuentra en su interior, de alto valor nutritivo, y también descartando el colorante que la forma, que es llamado E162.

En el último tiempo, la remolacha ha adquirido tal significación que, de hecho, en la ciudad de Alfambra en España existe el “Museo de la remolacha”, en este caso de su variedad azucarera. En cuanto a su apartado de salubridad, este año se conoció que la remolacha, si es que si ingiere medio litro de su jugo, actúa efectivamente contra la hipertensión arterial.