Consejos Terapéuticos

Las flores ¿se comen? (II)

calendula

Probablemente el título te atrapó, como a muchas de las personas que conozco, y la curiosidad ha ganado terreno. No siempre pensamos en las flores como una opción comestible, pero tal como mencionábamos en nuestro post anterior, existen flores que sí, efectivamente, se comen y lo que es más: comemos más flores de las que a priori creemos.

Es que las flores, o por lo menos partes de ellas, son parte de muchos preparados gastronómicos sobre los que no siempre pensamos en detalle, y mucho menos recordamos que su base son flores. Entre otros, mencionábamos antes al dulce re Rosa mosqueta, una delicia artesanal que vale la pena probar.

Pues bien, para hoy trabajaremos sobre otros dos casos que te sorprenderán: las caléndulas y los geranios.

  • Caléndulas

Si alguna vez acercaste una de estas flores a tu boca, sabrás que sabe más bien amargo. Por ellos, su empleo no se da precisamente a nivel de repostería, sino como parte de recetas de ciertas bebidas. A otro nivel, más bien terapéutico, se aprovecha su potencialidad cicatrizante y por ello es producto base de algunas pomadas. El colorido variado de estas flores (amarillas como la que vemos en la imagen, naranjas, marrones o bicolores) hace que se elijan con frecuencia como elementos decorativos en ciertas ensaladas y postres, pero en función de su amargor, no se consumen.

  • Geranios

Aunque te cueste creerlo, éstas flores (verdaderas reinas de nuestros balcones y terrazas) se usan en ocasiones para aromatizar bizcochos y tartas. Si quieres aroma a menta, la variedad elegida debería ser Pelargonium tomentosum, si prefieres sabor limón, opta por Pelargonium crispum y si te apetece manzana, recomiendo Pelargonium odoratissimum.

La condición es que uses flores frescas, pues pierden muy rápido sus propiedades aromáticas.