Lacteos

Queso fresco: rico y nutritivo

White cheese

El queso fresco, también conocido como blanco, es un lácteo sabroso y versátil que nos aporta mucho  calcio y una cantidad moderada de calorías y grasas. La mayoría de estos quesos se elaboran con leche de de cabra, aunque también se puede utilizar otros tipos de leche.

Por qué tomar queso fresco

El queso fresco se recomienda para quienes cuidan su línea o no pueden tomar alimentos grasos por motivos de salud, así como para aquellos que no disfrutan del olor y del sabor de otros quesos más fuertes.

El queso fresco nos ayuda a mantener la línea y evita que acumulemos grasa en las arterias. Este queso contiene vitaminas A, B y D, fundamentales para conservar los tejidos corporales en buen estado. Además el queso freso nos aporta minerales como el magnesio, el fósforo y el sodio. Y como no podía ser de otro modo al tratarse de un lácteo, también es una fuente rica en calcio, un mineral necesario para mantener los huesos fuertes y prevenir la osteoporosis. Una ración de queso fresco de 100 gramos nos aporta nada menos que 185 mg de calcio. Las proteínas de este tipo de quesos son de gran calidad y nos aportan casi todos los aminoácidos esenciales para el organismo.

Podemos tomar el queso fresco de muchas formas: solo y con un chorrito de aceite de oliva, en ensaladas, con tomate fresco, en bocadillos y canapés.

Cómo conservarlo

Su elevado contenido en agua y su falta de maduración exige una serie de cuidados para que efectivamente el queso siempre esté fresco. Desde el momento de su elaboración se deben cumplir todas las normas de calidad. En todas las etapas, como el trasporte y la venta, el queso fresco debe mantenerse a una temperatura inferior a ocho grados. Una ruptura de la cadena de frío puede afectar considerablemente a su calidad microbiológica.